martes, 27 de octubre de 2009

Corazon solitario


Hace unos meses leí el libro "Elvis: Corazón solitario", de Javier Márquez. Durante la lectura me acompañó una extraña sensación de tristeza, puesto que el mito de Elvis dista mucho de la vida que el genio de Tupelo llevó en la realidad. Si el binomio dinero rápido mas incultura, es una fórmula que raramente lleva asociado la felicidad, en este caso se hace mas patente por las excentricidades que cometió, me atrevo a afirmar que como remedios de urgencia para dar sentido a una vida en la que lo tuvo todo y nada a la vez.


Su carrera musical comenzó meteórica. Sus dos primeros discos, "Elvis Presley"(1956) y "Elvis"(1956), fueron libros de texto para muchos de los genios que vinieron después, como John Lennon entre otros.

Y es entonces, con apenas 21 años, cuando convertido en bandera de un recién nacido rock and roll, en símbolo de una nación y en ídolo y "sex simbol" de una generación, su vida empieza a desectructurarse, de una manera muy similar a como se desectructuró, 35 años después, la vida de Michael Jackson.
Drogadicto no reconocido, tenía un listado de farmacias que le proporcionaban lo que necesitaba las 24 horas del día. Durante un tiempo, llegó a tener una farmacia móvil en el patio de su mansión. En sus momento de delirio, veía personajes famosos en las nubes, con los que hablaba. Lo irónico es que odiaba a los drogadictos, y llegó a pedirle al presidente de los USA una placa de policía anti-narcóticos, convencido de que las drogas eran un problema para la sociedad norteamericana contra el que él luchaba con todas sus fuerzas. Logicamente nunca se le dieron.
Rodeado de "amigos", la llamada mafia de Memphis, todos vieron acercarse el fatal desenlace pero nadie se atrevió a hacer nada por evitarlo.

Elvis, como tantos otros genios de la música fue un artista que vivió rodeado de mucha gente, pero que realmente fue un corazón solitario. Todos admiraban al personaje, no al chico frágil que era en realidad. Me recuerda una frase de Rita Hayworth: "Los hombres se acostaban con Gilda y se levantaban conmigo".


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